Medio centenar de empleadas de cafetería y aseo de las sedes de la Defensoría del Pueblo se quedaron sin trabajo en plena pandemia, por cuenta de un cambio de contratista que hizo el nuevo defensor.

Hay aseadoras que han trabajado durante 27 años en el mismo lugar, bajo órdenes del anterior contratista, pero antes que defender sus derechos, la Defensoría encontró que si las echaba el reclamo sería para la empresa y no para la entidad pública, que en teoría se encarga de defender los derechos de las personas.