Los tomateros de la Plaza de Paloquemao, en Bogotá, no entienden cómo van a hacer, con pico y cédula, para recibir su producto por la tarde de un día y venderlo al otro, porque nadie podrá hacer los dos trabajos. Pero aceptan la regulación.

La idea es reducir el personal de la plaza a la mitad, para que no disminuya el abastecimiento de la comida en la ciudad.