Mientras las balas iban y venían, las familiares de los internos se agolpaban a unos metros del reclusorio, para saber qué estaba pasando con sus seres queridos.

Las mujeres que esperaban noticias del INPEC o de la Policía las recibieron vía celular, desde adentro, y algunas incluso tuvieron videos de sus parientes heridos o muertos.